El salón de ébano

Esta mañana descubrí una foto en un pequeño cofre que guardo en la librería de mi casa. En ella aparecía yo con un hombre muy apuesto. Estábamos vestidos de gala y me cogía de la mano. Ya ni me acordaba de que había tenido un marido…

Habíamos sido invitados por unos amigos suyos a una fiesta de Fin de Año en la casona del siglo XVIII que ellos habían convertido en un hotel. Entre la multitud que se apiñaba en las mesas y en la pista de baile estábamos él y yo bailando, bebiendo, riendo y besándonos. Nos encontrábamos tan alegres que nos apetecía hacer algo más. Algunas estancias estaban cerradas con llave, pero otras no. Entre ellas la sala que servía de biblioteca, estudio o cuarto para ver y oír la lluvia. Era un salón forrado en madera de ébano, con un gran ventanal desde el que podía verse el jardín. Pudimos cerrar el pestillo de la puerta y correr las cortinas sin que nadie lo advirtiese de un lado ni de otro. Dejamos el esmoquin y el vestido de lentejuelas cayeron en los sillones orejeros. Nos acostamos sobre el diván de tapicería morada.

"Amistad" de Egon Schiele. 1913

“Amistad” de Egon Schiele. 1913

 

Él besó suavemente mi cuello y mis senos. Yo acariciaba su torso marcado y con un vello ligero para después amasar sus glúteos entre mis manos. Nos pusimos aún más a tono en menos de un segundo. Su glande encontró mi clítoris sin mucho esfuerzo, y se entretuvieron jugando. Los cuartos comenzaron a sonar mientras él se introducía en mí. Con el sonido de cada campanada me embestía una vez más, pero en la última nos sacudimos tan fuerte que el diván crujió. Nos miramos y decidimos celebrar el Año Nuevo con otro casquete.

Nos vestimos y colocamos todo como estaba antes de nuestra irrupción. El jardín seguía desierto. Descorrimos el pestillo con cuidado y salimos del salón entre el estruendo de las copas, la sonoridad de las risas y el ritmo de la música. Nos deslizamos hasta una mesa desocupada y nos reímos de nuestra fantástica travesura.

Fue una época muy buena. ¡Lástima que le diera por liarse con una más joven! Él se lo pierde… Ahora mi sabor endulza otros paladares, y el mío disfruta de otros muchos.

 ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

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