Maniobras orquestales en la pelvis

Al igual que solo aprovechamos el diez por ciento del potencial de nuestros cerebros, solo disfrutamos del diez por ciento del placer que puede darnos nuestros cuerpos. ¿Por qué digo esto? Porque hace poco descubrí el otro noventa por ciento.

Había quedado para cenar con un antiguo amante. La velada fue excelente, pero lo mejor fue su propuesta de enseñarme algo muy especial. La única pista que me dio es que teníamos que ir a un sitio cómodo y muy privado, como su piso. No me hice de rogar.

El apartamento se parecía mucho a esos que aparecen en las películas americanas de los años setenta. No reparé mucho en él porque me condujo de la mano al dormitorio. Nos desnudamos en cuestión de segundos. Me tumbó sobre la cama. Me besó, me acarició, me lamió sin que apenas me dejara tocarle.

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“Dani Torrent© – Metamorfosi“ Más sobre su trabajo en : http://danitorrent.com/

Me sorprendió mucho, porque yo no le recordaba tan atento. Continuó con esa deliciosa marcha hasta que se elevó sobre mí y abrió mis piernas hasta donde mi flexibilidad lo permitía. Apoyó sus dedos en la zona superior de mis ingles y masajeó de manera suave y continua. Sentí un tierno cosquilleo que fue evolucionado hacia una palpitación que se extendía por todo mi cuerpo. Nunca había experimentado esa sensación solo con las manos, aunque el tipo de él también ayudaba. Siguió palpando por la parte posterior, casi llegando a las nalgas. Ejerció un poco más de presión, haciendo más intensa esa palpitación. No quise contenerme más y exploté de placer. ¡Había descubierto la dinamita!

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“Dani Torrent© – Caminamos sobre nubes de electrones“ Más sobre su trabajo en : http://danitorrent.com/

Se alejó hacia la cara interna de mis muslos, sin dejar de mover los dedos. Ya iba camino de la segunda detonación. Se paró antes de que eso ocurriera y paseó un dedo por mi boquita sin dientes, sonriendo de satisfacción. Sí, estaba empapada, lista para el gran momento…

Cogió el preservativo que había abierto antes, se lo puso y me penetró antes de que yo pudiera decir nada. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… pero lo mejor fue la sorpresita que le tenía reservada. Contraje los músculos de mi vagina y estreché su pene en mi interior. Su cara de placer hablaba por sí sola. Soltaba y apretaba de manera alterna y sin descanso. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… Se corrió, y yo por cuarta vez. Regresamos a la Tierra y nos dimos cuenta de que teníamos que descansar un poco.

Cuando recuperamos el aliento me fijé en que en la mesita de noche había unos cuadernillos de colores vivos y con el esbozo de una cabeza humana en la portada de cada uno. Ante mi estupefacción me explicó que eran ejercicios para la materia gris y que eso le ayudaba a estar más ágil mentalmente. Los ojeé con detenimiento y me parecieron interesantes. Cambiamos el cigarrillo por un par de partiditas en las que aprendí muchas cosas.

Desde entonces nos vemos con frecuencia, ya sea para estimular el cerebro o para hacer maniobras orquestales en la pelvis. Ambas actividades resultan bastante placenteras.

ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

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