Lirio blanco

Acaba de pasar un hombre alto, con andares elegantes y expresión melancólica. Sigue siendo tan guapo como hace… sí, diez años. ¡Cómo ha podido pasar tanto tiempo!

No recuerdo muy bien cómo y dónde le conocí, pero sí que sentí ese famoso cosquilleo en el estómago. ¿Acaso era eso la llama del amor? No reparé en ello. Siempre he tenido predilección por los hombres de ojos claros y voz viril pero melodiosa, aunque tampoco hago ascos a ningún caballero apuesto. No tuve muchas dificultades para acercarme a él. Era una persona encantadora y con bastante cultura. Si no era el hombre perfecto se le acercaba…

Los días siguientes quedábamos en una cafetería del centro. Cada vez me gustaba más y más. Tenía muchas ganas de besar la piel que cubría su esbelto cuerpo y probar ese grado de  masculinidad que se dejaba entrever en sus pantalones. Un día se me concedió el deseo de estar más cerca el uno del otro en un sitio íntimo.

Una tarde fuimos a su casa. Todo pintaba bien excepto por el pequeño detalle de que él no quería lo mismo que yo. En mi anonadamiento le vi apartarse de mí bruscamente y adentrarse en la cocina. Desde ahí me dijo que me acercara. Cuando lo hice me exigió que no le mirara así, que no tenía nada de raro que hubiera cierta distancia entre un hombre y una mujer. ¡Qué paradoja! ¡Un chico cañón me invitaba a su casa y no quería sexo!… ¿Quién me había preparado una broma tan pesada?

Entre dos cervezas me explicó con cierto desgano que hacia varios años que había dejado de dar importancia a ese aspecto de su vida y que quizás se debiera a que cuando se acaba la etapa reproductiva ya no existe razón alguna para intercambiar fluidos. Me quedé helada. Tanta indiferencia me irritaba, y no porque yo no le gustara. La castración me parece un castigo innecesario. ¿Acaso somos máquinas? No, no lo somos, y por ello merecemos algo más que una vida de ameba.

Desde ese momento las citas no pasaban de un juego de niños, una reunión de adolescentes adormilados o una velada de ancianos sin esperanzas. No niego que se pueda vivir así, sobre todo si tu compañero es un buen conversador, pero cuando quieres algo más la cosa cambia drásticamente. Debió ser esa la causa por la que terminamos distanciándonos, o quizás no… ¿Quién sabe?

Ahora me encuentro a solas con un zumo de naranja en el mismo café donde nos encontrábamos, viéndole pasear a lo lejos, solo, con el esplendor de un lirio blanco.

 

"Male Figure" de Jacob Collins, 2012 Más sobre su trabajo en http://jacobcollinspaintings.com/

“Male Figure” de Jacob Collins, 2012
Más sobre su trabajo en http://jacobcollinspaintings.com/

 

En todos estos años no he logrado comprender muy bien lo que yo experimenté, ni lo que él vive.

ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

Un pensamiento en “Lirio blanco

  1. Él es tu pareja perfecta, sólo con él podrás llegar a tener una auténtica relación. Pero para eso tendrás que revelarle tus oscuridades… si logras hacer memoria. Por cierto, en la cama puede llegar a ser un titán. Un beso.

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