De encuentros con Ulises. Descripción del éxtasis

Nos besamos, sí, sentí el roce de sus labios en los míos y luego su lengua que se deslizó dentro de mi boca, y estaba tan llena de agua que yo pensé que el mar me estaba inundando. Comenzó a desnudarme. Percibí cómo mi camisa, mi pantalón, mi sujetador, mis bragas, se iban desprendiendo de mi cuerpo y se desplomaban sobre el suelo como las hojas que caen del árbol en otoño. Me desnudaba no solo por fuera sino también por dentro y yo aún quería que lo hiciese más, que me arrancase la piel a ser posible, por favor caballero, no tenga piedad de mi persona. Y entonces yo, ya completamente en cueros, también lo hice. Le quité la chaqueta, la camiseta que le saqué por la cabeza al subir él los brazos, luego le desabroché el cinturón, le bajé la cremallera del vaquero y tiré de ellos por sus tobillos para lo cual me tuve que arrodillar. Frente a mí su pene se erguía duro, hermoso y potente y estuve tentada de metérmelo en la boca, pero me pareció ir demasiado deprisa. Así que me levanté y nos volvimos a besar. Sentí que, no solo su beso sino todo su cuerpo, estaba húmedo y mi piel se erizó al contacto con la suya, algo fuera de lo normal. Aquello allí abajo crecía y se endurecía por momentos tomando una solidez y un volumen dignos de tener en cuenta y mi entrepierna estaba tan empapada como una flor bañada por el rocío de la noche. Sus fuertes brazos rodearon mi cintura y sus hombros se tensaron cuando alzó mis piernas que yo enlacé a su espalda. Toda su musculatura se endureció con el único propósito de sostenerme de ese modo mientras me besaba y me besaba sin parar y yo me enganchaba a su pelvis agarrándome a sus hombros al tiempo que sentía  sus dientes mordiendo mi cuello y luego mis labios y otra vez mi cuello y, acariciando él mi melena, echaba hacia atrás mi cabeza y me besaba en la barbilla, en la mejilla, de nuevo bajaba al cuello y me llevaba de este modo hasta la pared donde, al quedar yo con la espalda apoyada en ella, pudo su boca alcanzar mis pechos y lamerme los pezones que se erizaron hasta casi reventar. Sí, y me sentía tan pequeña y manejable entre sus brazos, algo muy fuera de lo normal. Y yo arañaba su potente trasero, en parte para no desprenderme de su cintura y en parte porque comenzaba a sentir la urgente necesidad de tener su pene dentro de mí, desgranando cada una de las capas de las que está compuesta mi materia interior.

─Métemela ─le supliqué entonces sin poder ya contenerme─, por favor, acaba conmigo ─susurré en su oído y me empujó un poco más contra la pared y al introducir apenas la punta de su glande en mi vagina yo sentí que una oleada de agua salada bajaba por todo mi ser para recibirle y ahí se quedó él, taladrándome en los umbrales, proporcionándome un gozo difícilmente descriptible.

1000w (1)

“Elogio de la sombra”, de Nicolas Guérin. Más sobre su trabajo en: http://www.nicolasguerin.com/

 

Sus movimientos eran rítmicos, lentos y contenidos. Parecía no perder el control en ningún momento, dosificar el placer con perfecta maestría. Pero en ocasiones se permitía cierto descontrol y entonces me penetraba profundamente, deslizando todo su falo a lo largo de toda mi vagina y por segundos se mantenía allá al fondo sin moverse, solo girando su pelvis y yo sentía que me iba a romper en dos, en tres, en miles de partículas, todas balanceándose con su pelvis al son del puro éxtasis que me estaba haciendo sentir.

─Así, clávamela así, por favor ─supliqué en ese instante con un hilo de voz entre gemido y gemido. Pero entonces él volvió a salir y de nuevo quedó a las puertas y me acarició la nuca y me besó largamente. Esta vez su pelo entero estaba empapado de sudor, su musculoso cuerpo brillaba por el sudor que lo bañaba de arriba a abajo.

─Ven aquí preciosa ─dijo resueltamente y, sin soltarme, me llevó en volandas hasta la habitación. Sin apartar su pene de entre mis piernas me llevó hasta el borde de la cama y allí me soltó, sobre el colchón, y yo me sentí tan quebradiza…Sentí el vacío y el frío de la ausencia de su inagotable músculo en mi sexo y, tumbada como estaba le observé, alzado en el borde de la cama, también mirándome, hasta que una traviesa sonrisa se apoderó de su gesto.

─¡Cabrón! ─farfullé entre dientes.

Me senté y apreté el tallo de su órgano entre mis dedos para sentir aquella dureza, el hinchamiento de aquellas venas que trabajaban y trabajaban para lograr mantenerse de ese modo, erecto y atento a hacerme suya de una forma u otra. Las venas parecían a punto de reventar cuando me lo metí en la boca. Por mucho que abría la mandíbula no conseguía abarcarlo en toda su longitud y por eso, a la vez que lo chupaba, apreté la base del músculo con la mano buscando conseguir que la erección aumentase y se mantuviese todo el tiempo posible. Y aquello en torno a mis dedos, dentro de mi boca, bombeaba y bombeaba sangre y se tensaba y parecía reventar en cualquier momento.

─Tócate las tetas, cariño ─me dijo ahora apartándose mientras me echaba la cabeza hacia atrás y se frotaba─. Venga.

Obedecí y me tumbé de nuevo. Él se acuclilló y extendió su órgano entre mis pechos y allí continuó frotándose, deslizándose sobre mi esternón y yo junté mis pechos para guillotinarlo y entonces percibí cómo unas gotitas de semen se escapaban de su glande.

─No te corras aún ─le supliqué─. Por favor, por favor, métemela ─dije propinándole con desesperación algunas patadas en el trasero.

Entonces busqué su falo con la mano, me adherí a su cintura y yo misma forcé la penetración al tiempo que, con la otra mano, me aferré a su espalda elevando de este modo las caderas. Y aquello entró, entró como un guante en mi caverna, avanzó a lo largo de mi blando y húmedo y moldeable túnel y aún más allá y yo sentí que me traspasaba el útero y que llegaba hasta mi garganta, hasta tal punto que solo pude gritar, gritar de placer sin parar. Aquel intenso aleteo se apoderaba de mí a cada sacudida que él daba a un ritmo que ya parecía totalmente incapaz de controlar.

─¡Sí, sí, así, venga, joder, fóllame! ─grité sin poder evitarlo ahora pellizcándome los pezones bajo su vigoroso cuerpo.

1000w (3)

“Elogio de la sombra”, de Nicolas Guérin. Más sobre su trabajo en: http://www.nicolasguerin.com/

 

El me agarró por la cintura y aún me ensartó más profundamente y yo aún grité más y sentí cómo su sudor caía en gotas sobre mi rostro y con sus dos manos apretó mis nalgas y entonces ahogó mis gemidos con sus besos, unos besos largos y profundos, tiernos y lascivos a la vez, suaves y duros al mismo tiempo y yo todavía me excité más y lo apreté más contra mi cintura y arañé toda su espalda con mis uñas y…

─¡Joder, sí, qué gusto! ─chillé de nuevo.

─Me voy a correr, no puedo más ─le escuché articular a duras penas en mi oído.

─Sí, sí, córrete ─supliqué desesperada─ ¡Dios, qué gusto, que me viene a mí también!

Entonces él me cabalgó como quien cabalga sobre un potro salvaje, absolutamente decidido a lanzarse de cabeza conmigo al orgasmo. Sacudió y sacudió su pene allá dentro con el vigor de un tejano y yo no pude más que acompañar el rechinar de los fuelles de la cama con mis gritos.

¡¡Todos en uno en una inmensa orgía de sonidos, fluidos, sudores y placer sin medida. El reino de los cielos en un solo acto, la elevación del espíritu en la carne, la oleada que todo lo borra!!

─¡Dios! ─grité al tiempo que él también gritaba y entonces, se echó hacia atrás y me la sacó rápidamente chingándome las tetas, la cara, los hombros, el vientre, con su semen, semen de la alianza nueva y eterna, que será derramado por vosotros y por vuestro espíritu para el perdón de los pecados.

─Amén ─susurré respirando profundamente.

─¿Amén? ─preguntó él con una de sus traviesas sonrisas─ ¿En qué estarías pensando, chica? ─me dijo y pellizcó tiernamente mi barbilla.

─En nada ─contesté yo riendo mientras bronceaba mi piel con su líquido blanco y espeso.

Entonces él me abrazó y nos quedamos así entrelazados, besándonos y mordiéndonos el cuello y los hombros.

─Por cierto ─me dijo después de un rato─, creo que no nos llegamos a presentar aquí abajo, en el bar del hotel, me llamo Ulises.

─¡Ah!, bonito nombre ─contesté─. Yo me llamo Rut.

 روت

3 pensamientos en “De encuentros con Ulises. Descripción del éxtasis

  1. No es por nada pero mientras lo leía estaba pensando que a mas de uno le vendría bien coger apuntes de este tipo de historias para tengan una idea de que otras cosas se pueden llegar a hacer. Yo voto que lo introduzcan en libro de literatura de tercero de la Eso jsjaj

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s