Falocéntrico

Muchas personas confunden sexualidad con genitalidad, haciendo de su intimidad una actividad tan divertida como una carrera de caracoles. ¡Pobres ingenuos!
Es muy fácil encontrar a estas personas. Todavía me acuerdo del primero…
Yo debía estar finalizando los estudios de administración cuando el chico más atractivo de electricidad se decidió a pedirme una cita. Había sido un proceso lento pero, a base de miraditas y sonrisas pícaras, conseguí darle el empujoncito.
Lo pasamos bien en la hamburguesería y en la discoteca donde solíamos ir las diferentes pandillas que se habían formado en ese instituto. No había sido muy original pero, al menos, no nos tropezamos con nadie que rompiera ese momento mágico. Estaba como en una nube, viviendo intensamente cada segundo, grabándolo en mi memoria para siempre. Esa fue la mejor parte… La peor no se hizo esperar.
Cuando regresamos a su coche teníamos muchas ganas de ir a uno de esos lugares que todos conocemos, donde dicen que van dos y vuelven tres. Encontramos un estacionamiento apartado, en él podríamos dar rienda suelta a nuestros instintos sin ser vistos. Sin embargo mis expectativas fueron truncadas por una palabra suya.
─¡Chúpamela!

Thomas Saliot©. Más sobre su trabajo en: http://www.pinterest.com/Madroon/thomas-saliot/

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Su arrogancia combinaba muy bien con la notable erección de su miembro entre los pliegues de su pantalón vaquero.
─¿Cómo? ─alcancé a decir en medio de mi turbación.
─No me digas que eres virgen ─respondió con una sonrisa burlona─. Te he dicho que me chupes la polla. ¿Ya lo entiendes?
─Sí ─afirmé cabreada─. Entiendo que no te preocupa que yo disfrute y que no eres más que un pene andante. ¿Sabes qué te digo? ─cogí mi bolso y mi chaqueta del asiento trasero─, que no te la voy a chupar.
─Tranquila ─vociferó mientras yo salía del coche─, por dos mil pelas tengo a una tía dispuesta a hacerlo… ¡Estúpida!
─¡Gilipollas! ─acompañé la palabra con el gesto de uno de mis dedos corazón.

Thomas Saliot©. Más sobre su trabajo en: http://www.pinterest.com/Madroon/thomas-saliot/

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Caminé por el descampado solitario y sonoro hasta alcanzar la carretera. Paré un taxi que pasaba sin rumbo y regresé a la casa de mis padres.
Desde entonces sé que la rabia te impulsa a hacer cosas que el sentido común te desaconsejaría. Tuve mucha suerte aquel día de que no me sucediese en un sitio demasiado alejado y peculiar y podría decir que esta fue la causa por la que recomendé a mi hija, cuando comenzó ella a ir de fiesta y a salir con chicos, que tuviera siempre a mano el teléfono de un servicio de taxis y diez euros bien guardados en la cartera, además de un par de preservativos, claro está.
Ahora que ya ella tiene su apartamento no tiene más que darle una patada en el culo al que se comporte de esa manera tan egoísta. ¡Ojalá hubiera tenido yo, en aquel entonces, la misma suerte!

ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

3 pensamientos en “Falocéntrico

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