Protocolo venéreo de una dama

─De verdad, no entiendo qué puede haber de bueno en que las chicas se acuesten con cualquiera porque sí, son unas putas gratuitas.
Me quedé de piedra por esas palabras. Las había pronunciado una mujer de mi quinta, mientras yo tomaba el café de media mañana durante la jornada de trabajo. ¿Por qué invité a mi antigua vecina de enfrente a sentarse y tomar algo conmigo? ¿Amabilidad malentendida? ¡No lo sé! De lo que no me cabe la menor duda es de que las mesas de al lado, compuestas por estudiantes, se horrorizaron ante esa sentencia.
─¿Por qué me miras así? ─continuó─. Al menos a mí me educaron en el respeto a mí misma. Yo no me acosté con nadie hasta que me casé. No lo pasé bien como afirman algunas, pero por suerte me quedé embarazada. Al cumplir con mi deber mi marido se buscó unas cuantas y me dejó tranquila cuidando de los mellizos hasta que tuvieron la ocurrencia de independizarse dejándome sola… Bueno, dicen que es ley de vida ─una sombra de resignación cruzó por su rostro─. Lo que nunca logré inculcarles es que tienen que buscar personas que sepan perfectamente qué está bien y qué está mal, que no tengan esas ideas raras de que cada uno puede hacer lo que le dé la gana con su vida y su cuerpo… Mi hijo está con una divorciada y ya he perdido la cuenta de los novios que ha tenido mi hija… Seguro que debe tenerlo como un túnel ferroviario.
─¿No crees que estás siendo demasiado radical, incluso antinatural? ─me aventuré a preguntar en medio de mi estupefacción.
─No, simplemente tengo sentido común. Una mujer debe comportarse de manera apropiada, porque su papel es el de esposa y madre. ¿Qué es eso de ir por ahí como pendones? ¡Hay que saber cuál es el sitio de una! Las amantes de mi marido lo saben muy bien… Pueden fornicar todo lo que quieran con él, pero su esposa soy yo y es a mí a la que debe tener la consideración de dejar su testamento.

"Truffle Hunt". ©David LaChapelle. Más sobre su trabajo en http://www.davidlachapelle.com/

“Truffle Hunt”. ©David LaChapelle. Más sobre su trabajo en http://www.davidlachapelle.com/

Tomó un sorbo de descafeinado y su habitual expresión de acritud se intensificó. Yo tenía ganas de volver a lanzarme contra la santa de hiel.
─Deberías volver a abrirte de piernas, con tu marido o con quien sea, no es bueno estar tan amargada.
Clavó sus ojos en mí como si hubiera recibido la mayor ofensa de su vida. Parecía que iba a darme una bofetada cuando apuró la taza, se levantó y se marchó sin despedirse.
No me molesté en seguirla con la mirada. Recordé todas esas frases que nos dicen a todas cuando empezamos a tener edad de merecer: el sexo es pecado, no te abras de piernas con cualquiera porque eso solo lo hacen las ligeritas de cascos, si apareces en casa con un bombo te echo, si llevas preservativos eres una fresca… Tantas y tantas tonterías que no sirven más que para reprimir, inmovilizar y amordazar. ¿Cuándo dejará de ser delito nacer mujer?
En mitad de estas reflexiones disfruté de los últimos sorbos de capuccino y me quedé contemplando el ir y venir de esos seres anónimos que quizá se parezcan a mí… o no.

©David LaChapelle. Más sobre su trabajo en http://www.davidlachapelle.com/

©David LaChapelle. Más sobre su trabajo en http://www.davidlachapelle.com/

 

ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

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