Un poema de amor aunque no lo parezca

Este poema lo escribí para una preciosa chica de la que me enamoré una vez. La conocí en unos baños públicos cuando yo tenía quince años. Ella se lavaba la cara en el grifo en el momento en que entré. Elevó la vista con su rostro empapado y, como no había toalla, inmediatamente me saqué el jersey que llevaba puesto y se lo ofrecí para que se secase. Tenía unos ojos increíbles y su mirada hizo que mi corazón latiese a un ritmo fuera de lo común. Me dio las gracias, se secó y al ir a devolverme el jersey, rodeó mi cuello con su mano y me besó introduciendo suave y profundamente su húmeda lengua dentro de mi boca. Apenas dos minutos después estábamos dentro de uno de los aseos. Ella sentada sobre  la tapa del retrete con las piernas abiertas y yo, arrodillada frente a su pubis, ensuciándome las rodillas con los charcos de pis de aquel frío suelo, lamía torpemente su clítoris y el inicio de su vagina cuyo flujo lubricaba cada vez más mis labios.

Fue esta la primera vez que probé el dulce sexo de una mujer y la experiencia resultó tan intensa y placentera que después, a lo largo de mi vida, la he repetido en numerosas ocasiones con todas las chicas que han pasado por mi vida, aunque debo decir que de ninguna guardo un recuerdo tan magnífico como de esta, ya se sabe, la magia de las primeras experiencias.

Regresé muchas veces a los mismos baños públicos a los que para entrar recuerdo que había que pagar algún dinero a una vieja y gorda señora que se sentaba por fuera en una destartalada silla y todas aquellas veces la busqué a ella y todas tuve la suerte de encontrarla y reconozco que me enamoré perdidamente. Por eso escribí este poema aunque nunca me atreví a leérselo. Pienso que tal vez se hubiese reído de mí y me hubiese apurado para que la lamiese sin más demora pues siempre podía llegar alguien nuevo a los lavabos buscando quién sabe, quizás lo mismo que yo. Pero el poema lo guardé y aún lo tengo en mi carpeta de escritos de esa época y dice así:

“Renaceré de tu coño”

Renaceré de tu coño

como un bebé desnudo,

todos los lenguajes del universo

condensados en miel sobre mis labios.

Resurgiré de tu coño

sin escuchar más cosa

que ese silencio líquido

del que están hechos los hombres,

retiro del agua entre tus muslos

y te estremeces, lo sé,

y aunque trato de expresar

una y otra vez

aquello que nos hace humanos

a ti, a mí, a todos,

al fin será tu coño el único lenguaje posible.

“Dedicado especialmente a aquella chica que se ganaba la vida en los baños públicos, donde quiera que estés y como sea que te llames.”

روت

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