El amor, ese octavo pasajero… por el día de los “in love”

Explicar los motivos por los que Lucy y yo dejamos nuestra relación es muy sencillo, lo resumiré en breves palabras: ella quería ser mamá. Por aquel entonces habíamos abandonado la compañía  de chicas de alterne en la que nos conocimos para ponernos a rodar pelis porno que se pagaban mucho mejor y se trabajaba menos, a unos horarios mucho más asequibles. Como yo era la relaciones públicas yo era la que iba de aquí para allá correteando y negociando con los productores para cerrar los contratos mientras que ella se dedicaba a las otras labores de la casa, ya se sabe, hacer compras, preparar de comer, aguantar a los vecinos que, por culpa de nuestra intensa actividad sexual y de que a ambas nos gustaba mucho gemir, no paraban de quejarse día sí y día también, cuidar de los perritos y de los pájaros, teníamos dos periquitos, uno macho y otro hembra, en fin, lo de cualquier pareja. Pero sucedió que de repente un buen día, amaneció entre mis brazos contándome un sueño que había tenido, había soñado que tenía un bebé y que le daba de mamar. A partir de ese momento algo nuevo se despertó en ella: quería ser mamá y quería ser mamá y ya nada era más importante que aquello. Se metió en un proceso de inseminación in vitro que le bombardeó el cuerpo de hormonas para nada porque no dio resultado alguno. Se le cambió el carácter. Nosotras, que habíamos sido la pareja lésbica más sexy y reclamada de todo el cine porno, nos fuimos quedando sin contratos. Ella ya no quería practicar el sexo, ni siquiera en la intimidad de nuestra alcoba. Me acercaba a acariciarla y ni tan siquiera eso, rechazaba completamente cualquier contacto físico conmigo. Por las noches ya no dormíamos entrelazadas, ella en un lado de la cama y yo en el otro y yo no hacía más que tener pesadillas. No soportaba tenerla a mi lado, tan cerca en la noche y no abrazarla, aquello me producía unas pesadillas horribles y estaba acabando conmigo cuando una buena tarde me dijo:

─Rut, ya es hora de que me vaya, tengo que buscarme un hombre, construir una familia, gracias a que soy bisexual es posible que encuentre uno y quizás tú también deberías hacer lo mismo, en fin, al fin y al cabo tú también eres bi.

─Pero yo te quiero a ti ─me quedé gimoteando al tiempo que ella cogía su maleta repleta de sus cosas, abría la puerta y se alejaba andando por la calle camino del metro. Eso sí, antes de doblar la esquina dio media vuelta, alzó la mano y dijo bien alto:

─Para rodar otra peli cuenta conmigo pero solo si la van a pagar muy muy bien, si no, ni te molestes.

De este modo desapareció Lucy de mi vida. No voy a detallar las llantinas que me agarré ni el terrible proceso de desintoxicación de su cuerpo que padecí cada noche al tumbarme en la cama y sentir su ausencia de aquella forma tan físicamente dolorosa. Resultaría francamente penoso en este relato que más que de desamor pretende ser de amor. ¡La estupenda pareja “les” del porno español de la nueva década se separa y ahora debuta Rut en solitario! Quien quiera que fuese o fuesen mis compañeros de rodaje estaría estupendo mientras se me compensase económicamente. De Lucy por aquel entonces, seis meses después de que se hubiese ido, solo sabía que no había encontrado aún al hombre adecuado y fue por esa época cuando conocí a Ulises, en el hotel en el que me alojé durante un viaje que hice a Barcelona para firmar con una productora.

Follaba como los ángeles, todo hay que decirlo, la complexión de su cuerpo le ayudaba bastante y aquel intenso ajetreo sexual que comenzamos a mantener desde el instante en que nos tropezamos en el bar del hotel, aplacó considerablemente el dolor que la ausencia de Lucy había dejado en mi alma. Nos compenetrábamos tan bien, no solo dentro de la cama sino también fuera, que en algún momento llegué a pensar que me estaba enamorando de aquel hombre que en pelotas se comportaba como un león y vestido, sin embargo, resultaba tan dulce y tierno como una manzana. No se trataba solo de sexo, para eso ya tenía los rodajes. Sus mimos iban haciendo poco a poco mella en mí y ya casi tenía olvidada a Lucy cuando, un buen día, nos la encontramos en la barra de un famoso local punk.

De espaldas me costó reconocerla. Ya no llevaba aquella hermosa melena suya. En su lugar, una cresta teñida de rojo se elevaba como un faro desde su coronilla. Vestida con mini de cuero como estaba me recordó aquellos tiempos en los que rodábamos nuestras escenas más sados. En ese instante sentí que mi corazón trepaba hasta mi garganta para quedarse ahí palpitando como una locomotora. A la vez que la humedad se desprendía de mi sexo empapando mis bragas un potente y magnético calor se proyectaba desde mi útero y me arrastraba inevitablemente hacia su cuerpo. Ella pareció percatarse de esa mirada mía clavada en su nuca y se viró.

─¡Ey, Rut, cuánto tiempo! ─dijo levantándose del taburete.

Su rostro estaba pintado con ciertos tonos blancos y esto hacía que sus ojos oscuros y almendrados resultasen aún más grandes. Los labios pintados de negro contrastaban con la palidez de sus mejillas, alrededor de su cuello brillaba una gargantilla de tachuelas. Me imaginé sujetándola por ella mientras le metía los dedos, me imaginé la vena de su cuello latiendo de placer bajo la gargantilla al tiempo que, de su boca entreabierta, se escapan sus añorados gemidos. Mi corazón aún palpitó con más fuerza. Lucy me estampó despreocupadamente un corto beso en los labios y tuve que controlarme por no arrojarme entre sus brazos y llamarla cariño, cariño, una y mil veces. En ese instante ella se quedó petrificada con los ojos clavados en un punto detrás de mí. Me giré y vi que Ulises estaba ahí de pie y que, al igual que ella, se había quedado alelado mirándola. Carraspeé varias veces sintiéndome algo estúpida entre ambos.

─¿Y bien? ─dije sin saber muy bien qué decir. Como no obtuve respuesta pues ninguno de los dos parecía estar en este planeta, decidí iniciar las presentaciones─. Lucy este es Ulises, Ulises esta es Lucy ─Ambos chocaron torpemente sus mejillas y en ese instante supe que yo sobraba.

Por este motivo cuando, unas semanas después me ofrecieron rodar un trío y que yo misma eligiese el reparto, no me lo pensé dos veces. Aunque la noche del local punk Ulises había regresado a casa conmigo ya no había vuelto a ser el mismo, lo sentía tan lejos como un barco a la deriva y no paraba de preguntarme por Lucy y lo cierto era que yo tampoco conseguía centrarme en ese compañero al que tanto cariño había cogido y que tanto placer me daba. Cada noche me despertaba bañada por el sudor tras acariciar y besar a Lucy en cada uno de mis sueños. Así que después de cerrar las condiciones con el productor de la película y asegurarme de que los beneficios económicos iban a ser lo suficientemente apetitosos para ella me fui a casa, descolgué el teléfono y la llamé. No necesité convencerla mucho pues al pronunciar yo la cifra su sí fue prácticamente inmediato.

─¿Y quién va a ser el protagonista masculino? ─preguntó con picardía.

─Ya lo verás, es una sorpresa ─contesté sintiendo que en alguna parte de mi alma se estaba practicando un antiguo ritual de sacrificio.

El día del rodaje habíamos quedado directamente en el plató. Lucy estaría ya preparada. Debía ir vestida, pintada y con el pelo del mismo modo que la había visto en el local punk, tal y como estaba cuando Ulises se enamoró de ella. Si la iba a perder ya para siempre al menos debía asegurarme de que realmente él la amaría con la potencia suficiente como para hacerle un hijo. Ulises por supuesto no dijo que no cuando se enteró de que participaría en una escena porno donde también estaría Lucy. Ella debía esperarnos tumbada en la cama grande del plató, con las manos atadas a los hierros de la cabecera y así estaba cuando nos presentamos ambos allí. Lucy miró a Ulises y Ulises miró a Lucy y sus enormes ojos aún se abrieron más, mi corazón se hundió en un profundo pozo a partir de ese instante.

¡Cámaras, acción!

La mujer y el hombre que acaban de aparecer en la habitación comienzan a besarse mientras la chica que está atada a la cama no para de revolverse como una gatita en celo sin apartar sus ojos del hombre que ahora está quitándose la camisa y bajándose los pantalones. La mujer que está de pie acaba de desprenderle los calzoncillos y frota con su mano el pene que se yergue poniéndose cada vez más duro. De pronto la mujer deja de frotar y se acerca lentamente a la cama donde la gatita sigue agitándose haciendo el ademán de querer liberarse de esas amarras que aprisionan sus muñecas. Chiiist, murmura la mujer en el oído de esta y roza con su nariz ese cuello y la huele de nuevo mientras besa dulcemente esa familiar vena que ya comienza a palpitar bajo esa también familiar piel. Su pensamiento espanta un recuerdo tras otro. Sabe que en breve Ulises estará penetrando al amor de su vida, que en breve el semen del hombre estará regando como un manantial el útero de su amor y que será su propia mano de mujer que tantas veces palpó los rincones más inhóspitos de aquel cuerpo, movida por su propia voluntad y no por la de otro, la que dirija ese pene hacia lo más hondo de ese húmedo, dulce e increíble ser que jamás volverá a ser suyo…

En recuerdo de Lucy, la que fue el gran amor de mi vida

 روت

2 pensamientos en “El amor, ese octavo pasajero… por el día de los “in love”

  1. Por diox!!, no exagero cuando afirmo que es el mejor relato de amor que he leído (aplausos desde muy dentro de mi pecho), la prueba de ello, muy fácil, se lee tan real, que también se puede sentir. No se si sonará o se leerá de un cursi insoportable, pero como en la guerra y en el amor esto se permite (y es parte de la prueba que dejo acá), yo confesaré que has logrado humedecer mis ojos, tanto más que cualquier otra parte de mi cuerpo, que incluso he hecho los honores pertinentes al recordar mis amores extraviados en la vía, la que es testigo de mi más preciada respiración … respiración que ha quemado del mejor oxigeno imposible de explicar “in love”.
    Eres linda. Gracias por tu historia tan bien contada, que si en algo se asemeja a las demás que he podido leer de ti, diría que es en esos finales, tan espectacularmente bien logrados. Muchas Gracias Rut.

    • Bueno, gracias de nuevo Evelin. Me reconforta saberme leida por personas que van más allá de las palabras y las escenas puramente sexuales. No es tan fácil reconocer los sentimientos profundos que van más allá de las formas, no solo en uno mismo, incluso aún más en los otros. Una amiga me había pedido una historia de amor, sexo con amor, porque dice que siempre escribo sobre sexo, únicamente. Desde luego no estoy de acuerdo con esa lectura, siempre hay algo bajo la forma, solo hace falta una mirada algo más aguda para verlo, sentirlo, experimentarlo… La forma solo es la mensajera, el contenido subyace bajo ella. Un abrazo

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