Juego de chicas

Nunca deja de sorprenderme la brusquedad que algunos emplean con los demás, en especial con las mujeres. ¿Por qué digo esto? Por el encontronazo que tuve ayer en un bar…

Estaba tranquila en la barra, tomando mi copa y disfrutando de la música que pinchaba el D.J. cuando me sorprendió un hombre joven sentándose a mi lado.

─Hola ─me saludó con mucho encanto─, he estado mirándote y no he podido resistirme a decirte algo.

─Muy bien ─contesté yo─, pero un hola me parece poco…

─Es verdad ─una chica nos miraba con atención desde una de las mesas─, quería proponerte algo ─él correspondió a esa mirada─, a mi chica y a mí nos gustaría hacer un trío contigo o hacerlo tú y ella mientras yo miro.

─No me interesa ─afirmé tajantemente.

Su cara mostró agravio. Ella tenía un gesto que mostraba contrariedad y alivio al mismo tiempo.

─¿Por qué no? ─volvió a sonreír─. Será divertido…

─Creo que solo para ti ─seguí con la misma actitud para que se diera cuenta al fin de que ese tema no iba conmigo.

─Me da que no lo has probado. Te va a gustar. Al fin y al cabo todas las tías son bisexuales…

Eso acabó por enfadarme. ¿Qué sabía él de mí para decir semejante tontería? ¿Había estado con todas las mujeres de planeta? ¡Valiente gilipollas! No me contuve más.

─¿No sabes aceptar un no por respuesta? ¡Pues aprende! Que desees con todas tus fuerzas que las tías cumplan tus fantasías no significa que seamos bisexuales… A algunas solo nos van los hombres y los queremos para nosotras solas. ¿Por qué no le has propuesto a tu novia o lo que sea hacer un trío con otro chico y que después tú y él os lieis ante sus ojos? ─una expresión de asco en su rostro respondió a la pregunta─. Pues a mí no me ha hecho falta hablar con ella para saber que esto solo lo hace por ti. ¡Vete a la mierda!

─¡Qué rara eres! ─se despidió en un agudo tono de desprecio que no me hizo mella.

Respiré hondo y volví a mi serenidad. Les vi intercambiar un par de frases antes de que él la cogiera del brazo y se fueran del local con paso rápido.

Me dio qué pensar ese incidente. No era la primera vez que un tío sin demasiada sesera me afirmaba esas cosas como un hecho irrefutable. ¿No voy a saber yo mejor que nadie lo que me gusta y lo que no? ¡Venga ya!

En fin, mejor me olvido de los hombres de las cavernas y sus muñecas hinchables.

Me voy a dar un paseo, en casa nunca se pesca nada…

ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s