Bécquer digitalizado

Hay personas que se clavan en el corazón sin haber compartido mucho tiempo con ellas. No creo que vaya a ser sencillo poder olvidar a aquel chico.

Le conocí en una librería. Lo primero que vi fue su mano chocando contra la mía por un ejemplar de Rimas de Bécquer. Nos disculpamos y se lo cedí a él después de insistirle en que lo hiciera. Sirvió de trampolín para que hablásemos de libros, escritores, discos, películas, actores e invitarme a un café en la terraza de enfrente.

No me resultaba desagradable. Joven pero culto, tímido pero decidido. No me costó mucho perderme en el castaño de sus ojos, desear meter mis dedos en la abundancia de su cabello oscuro y rizado, besar la finura de sus labios y la suavidad de su piel clara. Solo tuve que esperar dos días para ver cumplidos mis anhelos.

Después de un paseo por la avenida marítima fuimos a mi piso con la excusa de prestarle unos libros que tenía curiosidad por leer. Mientras yo se los alcanzaba poniéndolos sobre la mesita del salón percibí que él también lo deseaba. En menos de lo que dura un segundo estábamos desnudos sobre mi cama, practicando el estilo de gimnasia que tanto gusta… Se movía con una pasión inusitada, como si la vida le fuera en ello. Nunca me ha gustado la desgana, pero esa entrega no la recordaba desde hacía muchos años. No me incomodaba. Es más, lo hacía todo muy especial.

Repetimos varias veces a lo largo de uno o dos meses, pero la que más recuerdo fue una en la que después del acto carnal tuvimos una conversación que me sacó de órbita.

─¿Quieres venir a un concierto con mis amigos?

─No ─respondí tajantemente─, ¿no te das cuenta de nuestra relación? Te lo voy a explicar… Tú y yo no somos novios; somos dos personas adultas que se atraen y disfrutan de esa química… Así de simple.

─Está bien ─dijo antes de levantarse y comenzar a vestirse.

─¿Qué ocurre? ─sus ojos estaban acuosos, pero nada resbalaba de ellos.

─Nada ─respondió mirándome con fijeza─. Es mejor dejar las cosas claras.

─¡No te vayas así! ─le supliqué mientras me tapaba con una bata.

─Tranquila ─me detuvo con un nudo en la garganta─, quien estuvo mal fui yo.

Exhaló un suspiro y se marchó lo más rápido que sus pies le permitieron. El sonido de la puerta hizo que me desplomara sobre la cama. ¿Qué había hecho yo? No lo sabía con certeza, aunque algo había quedado bastante evidente… ¿Aún queda espacio en esta sociedad fría y materialista de cambio de milenio para esa llama que arde sin consumir?

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Desde entonces pienso en él con frecuencia. No es porque sienta lo mismo, sino porque el cristal de su corazón será rallado mil veces en este mundo de acero y resina que nos obliga a integrarnos en él.

Espero que haya aprendido a luchar.

 

ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

2 pensamientos en “Bécquer digitalizado

  1. Judit..me encantó..y en su triste final..sentí que era ese hombre…bellisima tu onda…compartimos la pasión por las historias…puedo acercarte alguno de mis escritos ???..besos..te seguiré..!!!

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