Siguiente

Estaban allí todos. En aquel sótano oscuro y asfixiante. Esperando su turno. Tenía la falda en la cintura, las bragas en los tobillos y estaba muy excitada. El primero la había subido a aquella mesa enorme y ahora, se estaba quitando el cinturón sin dejar de decirle lo preciosa que era. Ella echó la cabeza hacia atrás y sintió la embestida mientras los otros jaleaban. Empezó a sentir la oleada, pero él ya había terminado. Rugió de rabia. Segundo. Abrió la blusa con fuerza, le manoseó el pecho y se le echó encima, dejándola sin aire. Un minuto después sintió su erección. Hasta el fondo. Los demás gritaban, gemían, lloraban. Casi desnudos. Desencajados. Preparados. No sabría si aguantaría. ¿Cuántos eran? Ahí estaba. Llegando. ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Espera! ¡Por favor! Casi suplicaba. El hombre le agarró fuerte y se quedó muy quieto. Con la cabeza hacia atrás. La boca entreabierta. Vaciándose dentro. Esta vez sí. Quiero más, más, más, decía borracha, moviendo la cabeza. Nada importaba. Ni el dolor en los huesos, ni las piernas entumecidas, ni su sexo agotado. Sólo aquella sensación. Una y otra vez. Eléctrica. De llama. De noria. De dulce mareo. Siguiente.

Νηρευς 

Post escrito por la amiga de Rut:   “NEREA”

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