Dieciocho años

Es curiosa la manera en que el azar nos hace recordar historias que guardamos en una sala muy profunda de nuestra mente. Unas veces puede ser beneficioso, otras perjudicial y hay unas terceras que no se sabría definir.

Me encontraba en la cola del cine, aburrida de tanto esperar a que la pareja que tenía delante se decidiera por una película de acción o una comedia romántica. De repente me sentí observada. Instintivamente giré la cabeza hacia mi izquierda. Vi un rostro aniñado en un cuerpo varonil. Solo apartó su mirada traviesa cuando la chica que le acompañaba le llamó. Él se excusó y se marcharon hacia una de las salas. Habían pasado muchos años, pero él seguía siendo el mismo chico que conocí.

Nos habíamos conocido cuando me mudé con mis hijos a un barrio de las afueras. Él era el hijo de los vecinos de enfrente. A base de vernos todos los días en el ascensor, de prestarnos la sal o el azúcar y de otras cosas que ocurren entre personas que viven en la misma planta, llegamos a cierto punto de confianza. Quizá porque estaba más pendiente de mis hijos aún pequeños, quizás porque no me había recuperado del desplante de mi ya ex- marido, la cuestión es que no me di cuenta de lo que yo le inspiraba hasta que me lo dijo a la cara. No me desagradaba, aunque fuera mucho más joven que yo. Ya había cumplido los dieciocho años, por lo tanto no iba a meterme en ningún lío.

Aquella misma tarde acabamos en mi cama, como si los planetas se hubiesen alineado para que mis hijos estuvieran con mi hermana y sus padres no se encontraran en casa. Al dejarse caer sobre mí, devoró mis labios mientras amasaba mis pechos entre sus robustas manos. Paseó los dedos por mi vientre, surcando las caderas hasta llegar a las rodillas y abrir mis piernas con cierta lentitud. Mordió suavemente mis muslos hasta llegar a la blandura de mis labios vaginales y lamer el clítoris. Disfruté muchísimo, pero cuando me penetró subí un peldaño más en la escalera del placer. Cada embestida era más fuerte, cada beso más apasionado, cada caricia más honda… Llenó el preservativo hasta la mitad y cayó extenuado, abrazándose a mi cintura.

Repetimos en varias ocasiones. Con cada una de ellas me relajaba más y más. Al fin y al cabo no estábamos haciendo daño a nadie. Recordé que los hombres son únicos en sus diferentes sabores, y que mi vida no podía reducirse a uno que ya no quería ser degustado por mí.

Terminamos con nuestro excitante ritual cuando le concedieron la beca para irse a estudiar a Irlanda. Se acabó justo a tiempo… A tiempo de que siguiera siendo nuestro pequeño secreto.

Mientras veía una película de época me acordaba de aquellos momentos bajo las sábanas, de aquella virilidad insaciable, de aquel ardor que me devoraba por dentro, de su olor a ternura y misterio. Comencé a sentir lo mismo que en aquellos días, pero tenía demasiada gente cerca como para adentrar una mano bajo los pantalones.

Al salir me encontré de nuevo con él  y su novia en el vestíbulo. Les vi alejarse de la mano hacia la calle, donde se perdieron entre la multitud. Hay historias que es mejor dejarlas en la memoria, ya sea de manera objetiva o adornada con color de rosa.

Cuando llegué a mi piso cogí un quinto de ron de la alacena, lo preparé y me lo bebí lentamente mientras escuchaba un disco de música francesa. Decidí que aquel jovencito regresara al fondo de mi mente y me puse a pensar en algo tan relajante que me quedé dormida en el sofá.

ιουδειθ

© Carmen Cuarzo

 

4 pensamientos en “Dieciocho años

    • jajaja, hombre no sé cómo lo habrá vivido Judit la verdad Manuel, pero bueno, considera que el chico del relato es joven, probablemente esté bien alimentado y tendrían bastante tiempo para reponerse de entre un revolcón y otro!!!

      • Judit de maravilla (cada vez mas relajadita) disfrutando de cada momento , pero poco participativa por lo que nos cuenta, no me extraña que al final el chico se fuera con su novia, yo hubiera hecho lo mismo, jajaja

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s