Judit al desnudo

Estoy un poco harta y hastiada de las hipocresías y como lo estoy voy a contaros a todos los lectores algunas cosas sobre mí que no conocéis. Lo confesaré al fin:

Hasta el momento la Judit que he mostrado en este blog no ha sido exactamente la Judit que soy.

Por qué he querido aparentar ser una mujer que no soy, podríais preguntarme. Por un motivo muy sencillo: estoy felizmente casada con un hombre dedicado a la política que, además, lleva muchos años ostentando un importante cargo en el ayuntamiento de un pueblo de cuyo nombre prefiero no acordarme en este momento. Así las cosas, escribir sobre mis verdaderas experiencias sexuales y sobre mis deseos más ocultos pensé que podría acarrearme más de un problema. Y que conste que si hasta el momento no he resultado del todo sincera no ha sido sólo por salvaguardar mi reputación social, sino también y sobre todo, y esto quiero recalcarlo bien: ¡sobre todo!, por mi marido, hombre al que idolatro, adoro y al que le debo mi más profundo agradecimiento y respeto por ser la persona que, con tierna complacencia, me paga las facturas de la peluquería, del hipermercado, de la boutique y demás caprichos materiales e inmateriales que se me antojan mensualmente, a cambio ¿de qué?, pues a cambio de nada, a cambio simplemente de aceptar ser penetrada por él cada vez que le viene una calentura y de estar pendiente de los asuntos de la casa, de que el servicio mantenga limpias las alfombras, bien a punto su comida cuando regresa del ayuntamiento y bien planchadas sus camisas, sus chaquetas y sus corbatas. Por lo demás se trata únicamente de acompañarle de manera correcta a las fiestas y a las cenas en casa de sus compañeros de partido, también a alguna que otra rueda de prensa en la que la aparición de su esposa se aconseja como lo más recomendable para su imagen pública y…bueno, nada más, nimiedades si tenemos en cuenta todos los gastos que  una mujer con mi exquisito gusto por las marcas de calidad y mi glamour requiere.

Y ya que voy a destaparme frente a vosotros diré, y no es que quiera excusar mi licencioso comportamiento, esta cara oculta y perversa de la verdadera Judit que soy, que las relaciones sexuales con mi marido me dejan más fría que un pollo en medio del Ártico.

Que si fue así desde el primer momento, podríais también preguntarme, pues no lo sé, no lo recuerdo, hace ya tantos años que nos casamos. Hará como treinta años de aquella insulsa boda de pueblo tras la cual tuve que fingir que era virgen y que no me habían desvirgado varios chicos en aquella fiesta de graduación en San Francisco a donde fui a finalizar mis estudios de bachillerato. Los cinco chicos se lo montaron conmigo sobre una mesa de billar, uno detrás de otro los fui despachando, aún recuerdo sus adolescentes falos poniéndose duros entre sus dedos mientras contemplaban cómo era penetrada por el siguiente en la lista de espera sobre el suave tapete de la mesa de juego. Glamurosa y deseada, sí, mucho, tanto como jamás me ha hecho sentir mi marido. Especialmente cuando percibí que el semen de aquellos recién graduados que se tocaban haciendo un círculo alrededor de la mesa caía en gotas regándome todo el cuerpo. Uno se corrió sobre mis pantorrillas, el otro sobre mi pecho derecho el otro sobre mi pezón izquierdo y el otro sobre mi vientre al tiempo que yo gemía de gusto porque el falo de uno de estos inquietos muchachos de diecisiete años me taladraba la vagina sin la menor consideración escupiendo en inglés sobre mi rostro insultos del tipo de: zorra, puta, perra, guarra, etc… que me hicieron gritar aún más y más fuerte, de tal forma que si mi marido me escuchase alguna vez así en la cama se asustaría ya que con él jamás he llegado a emitir decibelios más altos que los que puede alcanzar el más breve de los suspiros. Y así debe de hacer la esposa de un personaje político, con la responsabilidad de mi marido, no me cabe la menor duda, hay que guardar la compostura siempre, saber estar y permanecer en el lugar que a cada una le corresponde. Discreción, moderación y sigilo en todas las expresiones de las mujeres que, como yo, ostentamos un cargo social tan alto. Somos un ejemplo para todas las demás mujeres y muchas, como mi amiga Rut, la directora de este blog, no quieren comprenderlo.

¿Por qué no hablar ahora de lo penoso de mi situación por culpa de la directora de este blog, la “señorita” Rut, ahora que ella me ha descubierto y me está obligando a ser sincera conmigo misma y con todos los lectores utilizando el más feo de los métodos, o séase, el chantaje?

Pero miren, por lo pronto me voy a callar…al fin y al cabo seguimos siendo amigas y tal vez en el próximo post que escriba os relate cómo fue que ella me descubrió y cómo tuve que acceder a su vil chantaje y doy gracias a Dios de que al menos mi nombre, bajo el seudónimo de Judit, pueda continuar siendo anónimo, única petición a la que accedió la directora de este blog, repito el sarcasmo por si no se ha entendido anteriormente, la “señorita” Rut.

En resumen, seguiré escribiendo y publicando bajo la censura positiva que Rut me ha impuesto, y bajo su yugo iréis conociendo a la verdadera Judit, la Judit al desnudo que soy a partir de este momento, momento que marca el fin de una etapa y el inicio de otra y al que espero sobrevivir gracias a la condescendencia de todos vosotros, mis queridos lectores. Ya sabéis que os idolatro y que estoy deseando conoceros en persona para practicar sexo salvaje sin parar, eso sí, siempre a espaldas de mi marido y de mis colegas de la parroquia en la que imparto las caquetequesis que si no…

ιουδειθ

9 pensamientos en “Judit al desnudo

  1. Hola Judit
    No sé, ya que ese mundillo nunca se sabe lo que es fantasía y lo que es cuento veraz, cual es la verdadera Judit. Lo que no me quepa duda es que ahí en el mundo hay muchas mujeres atrapadas en la situación que cuentas que están o muy infelices o buscan salida fuera de la cama matrimonial. Y que tales mujeres tienen su derecho a la felicidad.

    Si esa Judit realmente eres tú y no es sólo un cuento, te deseo suerte en la búsqueda de la felicidad cómo y dónde la hallas.

    • Hola Marco, la verdadera Judit está atrapada bajo el anonimato de su nombre tanto como bajo su hipócrita situación social. Agradezco las buenos deseos que tienes para conmigo y te aseguro que soy feliz, sobre todo cuando me dedico a mis cosas en la absoluta clandestinidad!!!

      • Has hallado el equilibrio entre la probidad pública, la felicidad y el derecho a disfrutar en la intimidad. Me alegro mucho por ti. Debes ser una mujer muy fuerte.

  2. Tu historia refleja la cruda realidad del comportamiento sexual de los humanos. Nos gusta transgredir las normas y hacer de las practicas sexuales la mas arriesgada de las aventuras, aunque solo sea en nuestro pensamiento, porque en la realidad, la frustración se convierte en la protagonista de nuestros deseos mas intimos. Saludos amiga insatisfecha.

  3. Realidad… Ficción… qué más da. Lo importante es tener la capacidad de sentir orgasmos que no sólo hacen convulsionar, temblar y gritar a los cuerpos, sino también a las auras, almas, espíritus, conciencias o como quiera que se quiera llamar a todo aquello que trasciende a la persona misma. Una vez logrados, cualquier castigo será pequeño para tan intenso placer.

  4. Yo tampoco sabría decir si el relato “Judit al desnudo” es sólo eso, un relato. Si tiene algo que ver con la realidad, yo diría que hay muchas contradicciones. Por ejemplo, ¿para qué sacar a la luz ese reducto de clandestinidad en el que uno se siente más cómodo? (Lo del chantaje suena un poco chusco.)

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