Melocotón en almíbar

Todo comenzó con melocotón en almíbar o mejor dicho, empezó después de  muchas noches inciertas, días entre grises y violetas. Mujeres con las que disfrutaba seduciendo pero que en la cama no me ponían. Llegó el momento en que no había más que rascar. Ni en los típicos lugares de ambiente, ni en los encuentros activistas del colectivo, ni en las páginas de contacto que tantos años me habían hecho triunfar. Ese día, en el salón de mi casa, divagando desde el ventanal, empecé a cuestionarme si mi orientación sexual había dado un giro: asexual, bisexual, monja. Entonces sonó el timbre. A esa hora de la tarde podría ser alguna amiga de alguna noche loca que perdió mi número de teléfono y querría hacerme una visita o alguien repartiendo folletos, de esos que acaban en la papelera.

Mi puerta es de un rojo valentino, en forma de arco y de estilo oriental.  A media altura lucen chapas que he ido coleccionado de mis viajes, una del Gay Pride de San Francisco, otra del viaje a Nepal, otra del encuentro Harley Davidson en Bogotá , otra que dice : “mi novia me tiene bien follada”. Me acerqué a la puerta y miré por la mirilla. Mi corazón se sobresaltó: ¡una rubia impresionante allá afuera, esperando a que le abriese!

Pude ver cómo leía detenidamente mis chapas, así que abrí del tirón. Ella se asustó y se precipitó hacia mí. Me sacaba unos palmos y no pude evitar bajar la cabeza y recorrer su presencia a cámara lenta, desde sus tacones rojo charol a sus largas piernas que parecía que nunca acababan, hasta la mini falda de gasa transparente blanca a juego con un broche que tenía colocado entre sus pechos, un broche especialmente llamativo.

─Hola, soy Anja Moskoya, tu nueva vecina ─saludó.

─Luna Grand, por favor, pasa ─le dije─. Tu casa da a la otra calle, sin embargo desde aquí puedes ver el lago.

Con la sutileza que me caracteriza se me encendió la bombilla para llamar su atención y en un flash ya estábamos recorriendo mi loft. Le enseñé la distribución del espacio, cómo había aprovechado cada recoveco, la enorme bañera en medio del salón le hizo mucha gracia.  Fui a la cocina y puede rescatar una lata de melocotón en almíbar y una botella de bourbon . Nos sentamos frente al ventanal y nos dejamos llevar por el improvisado picnic.

 

 

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©Julia Skalozub. Más sobre su trabajo en: http://juliaskalozub.com/

 

Comenzó hablándome de cómo había llegado a la ciudad desde Moscú, de su trabajo, de sus viajes y yo, a la par que ella hablaba, no hacía más que pensar en si sería bisexual, lesbiana, si habría visto mi chapa del arcoiris minutos antes frente a la puerta o peor aún,  si le habría dado tiempo a leer lo de “mi novia me tiene bien follada”.

Después de tres copas y entre risas y miradas cómplices, tuve la necesidad de saber en qué punto estábamos exactamente.

─¿Has estado con alguna mujer, has disfrutado del sexo con mujeres? ─le pregunté.

─Qué directa Luna ─contestó─, de acuerdo, te contaré. Tuve una experiencia en la universidad y otra con una compañera de trabajo. Sentí atracción por ellas pero no tuve plena satisfacción sexual. Creo que con los hombres tampoco la he tenido.

─¿Quieres jugar? ─le propuse de inmediato─. Dejarte llevar por el momento, solo abrirte a la experiencia sin pensar en nada. Mira, te taparé los ojos con este pañuelo.

Ella miró el pañuelo un instante y dijo:

─Luna, eres verdaderamente una lanzada pero despiertas en mi esa ganas de sentir. ¡Venga, sí!

 

©Julia Skalozub. Más sobre su trabajo en: http://juliaskalozub.com/

©Julia Skalozub. Más sobre su trabajo en: http://juliaskalozub.com/

 

¡Uy!, menuda  tarde de jueves que tuve. Una rubia de ojos verdes y cejas perfiladas, tocó en mi casa con la naturalidad de alguien que conoces de toda la vida. Sus labios rojos se fusionaron con la puerta al fondo y sin darme cuenta sentí esa necesidad de tocarlos, de besarlos, de chuparlos. Y a medida que hablábamos, iba estimulando mis sentidos y las ganas de jugar con ella.

Me coloqué a su espalda, detrás del sillón y ella veía cómo se interponía la panorámica del luminoso lago con la oscuridad del pañuelo. Cambió su postura corporal,  se puso más erguida y cambió su respiración, aunque no su sonrisa roja. Me incliné hacia su oído y comencé a pronunciar en un tono dulce y pausado palabras sugerentes, haciendo notar mi respiración: “fresa, labios, piel, caricias” Empecé a besar su pequeña oreja. Besos pequeños a la vez que le decía: “jugo, pechos, leche… ” Sus labios suntuosos temblaban. Puso sus manos entre sus muslos y yo aproveché esa inocencia de el que no ve para deslizar mi mano hacia su broche y desabrocharlo con el roce de mis dedos en sus pezones, buscando ese espacio entre el respeto y el deseo. Ella abrió sus piernas y tomo una postura más relajada. Me arrodillé frente a sus muslos y toqué sus pechos como si me perteneciesen provocando una situación entre el juego y el malestar. Sus pezones se pusieron duros, grandes y los pellizqué.  Empecé a acariciar sus manos y sus muslos. En un momento el deseo se apoderó de nosotras.  Levanté su falda  y me encontré todo al descubierto. Agarré bruscamente sus piernas y las tiré hacia mi, dejando prácticamente su cuerpo en horizontal. Cogí el almíbar de la lata de melocotón y lo rocié en su pubis. Chorreó por su enorme sexo provocando que se removiera de placer y me lancé a lamer aquella jugosa entrepierna. Era un placer tan dulce que no podía parar de chuparlo. Sus gemidos, cada vez más fuertes, hicieron que le arrancase la camisa para dejar al descubierto sus excitados pechos.

Abriendo aún más sus piernas, ella agarró mis pelos y restregó toda mi cara en su sexo. Froté sus pezones, erguidos y duros, con la punta de mi lengua y el juego de mi mandíbula. Serpenteaba todo su clítoris en mi boca, cada vez con más intensidad. Introduje mi lengua con fuerza en su vagina y entonces noté que tenía ganas de algo más contundente, de manera que cogí un melocotón y por la parte más hueca empuñé mis dos dedos para metérselo. Ella se volvió loca y no era para menos. Se giró y se puso de cuatro patas. Seguí sacando y metiendo el melocotón pero las contracciones de su perineo destrozaron la fruta, dejando mis dedos dentro de su útero.

─¡Fóllame! ─me dijo.

Estábamos muy calientes. Introduje todos mis dedos. La penetré cada vez más rápido y con más fuerza y ella jugaba con su cadera para saborear el placer de un coño bien lubricado.

─¡Quiero más! ─rogó y entonces la penetré hasta al fondo.

Estiró su cuello y mi puño se deslizó hasta que la hizo estallar en un enorme orgasmo. Entonces extraje mi puño y chupé toda esa dulce cascada que fluía por su entrepierna. Me puse de pie y empuñé su cara en mi coño para que chupara mi caramelo que cayó derretido en un solo gemido.

─Bienvenida al barrio, Anja ─susurré finalmente.

 Post escrito por la amiga de Rut:   “LUNA GRAND”

Luz eléctrica

Suena el jodido despertador justo cuando sentía sus pechos en mis manos, sin saber quién era, su rostro, ni sus manos, y yo, obsesionada únicamente en desabrochar sus botones pequeños para tornar con suavidad sus pezones, en una absoluta y profunda oscuridad.

Me levanto, con una respiración entrecortada y una sonrisa que hace entre ver que eso no se va quedar así. ¿Quién sería esa mujer con pechos marcados que desató en mí unas ganas locas de jugar?

Son las siete de la mañana, la luz del alba atraviesa el visillo y molesta descubrir mis ojos resacados. Es hora de levantarse pero no puedo descubrir mis ojos cansados, son diez minutos los que me arrebatan el momento. Intento no perder la conciencia con los ojos cerrados, solo permanecer inmóvil, descansando y divagando con mis pupilas, pendientes de no caer en un sueño profundo.

Y en esa milésima de segundo entre el aquí y el allí, aparece ella de nuevo. Esta vez se abalanza sobre mí, siento que estaba esperando en la oscuridad esa debilidad mía para dejarme inmóvil, menos los brazos que los puedo mover con facilidad.

Sabía que quería jugar, su respiración en mi oreja, marcaba el ritmo de sus deseos. Apreté su culo con firmeza y esto desató en ella una chispa que prendió el fuego en mí, saqué mi gato de nueve colas y la azoté. Se revolcó buscando la penetración, iba todo tan rápido que tenía todo mi coño contraído sin poder soltar la tensión rebosante de mi cuerpo.

Solté mi mano y la penetré sin mediar donde la metía, estaba todo tan húmedo que mi mano se deslizó hasta el abismo, ella entró en un éxtasis que empapó todas las sábanas, como en una explosión, el agua caliente bajaba por todo mi cuerpo e hizo estremecer mis labios. Sus pechos erguidos se pusieron frente a mí y el deseo de chuparlos mientras cabalgaba provocó que mi clítoris se pusiera duro como roca. El rozamiento de su pelvis, era cada vez más intenso, y mi fuerza se concentraba en un solo punto, follarla hasta quedar extenuada.

─Luna, vas a llegar tarde

─¿Me hablas?,¿Quién me habla?

Entro en una pura confusión cuando una caricia suave en mi cara hace que regrese la luz intensa, azul eléctrica en mis ojos.

La velocidad de mis latidos rompió la magia del momento, empapada, mojada, atrapada en un jodido momento que sabía que no se iba a repetir. Me levanté de un sobre salto como si estuviera frente a un precipicio. Me miré al espejo mientras encañonaba mis ojos al despertador y palpé mi jugoso coño.

─¡Shit!, ha pasado una hora, llego tarde a la reunión.

Sin ducharme y de trayecto al trabajo, apreté el puño del acelerador de mi Kawasaki a fondo y traté de liberar lo que aún quedaba en mí, a toda velocidad.

moto chica

“Llego, llego”, me repito, a la vez que se abre la puerta del ascensor en el oscuro parking del edificio. Entro como un viento pero una rubia con ojos verdes almendrados me clava la mirada como un escáner. Por arte de magia se apaga la luz y el ascensor se estremece quedando inmóvil. Siento su calor y la desesperación del pánico pero toco sus pechos y su respiración cambia, sus pequeños botones desabrocho sin mediar palabra, una sutil fragancia a coco provoca deslizar mi mano en toda su entrepierna. Le muerdo la oreja junto con una carcajada suya, como un imán empiezo a comer sus labios carnosos y provocadores. Aprieto sus nalgas contra la pared y ella suelta su bolso para agarrar mi melena

De nuevo da una sacudida el ascensor y se enciende la luz. Despertamos, nuestras miradas se cruzan y nos separamos, a la vez que se abre la puerta. Tratando de normalizar lo indescriptible,  entra una avalancha de gente y soltamos esa fuerza centrífuga que nos unió, nos colocamos frente a frente, con un recorrido de miradas que hace descubrir, en cada parpadeo, algo nuevo.

 

Dedicatoria:. A todas las personas que se sienten agredidas y con miedos para que todo  transmute.

 

Post escrito por la amiga de Rut:   “LUNA GRAND”